Lo único que aprendemos de la historia es que no aprendemos de la historia (Hegel)

lunes, 5 de noviembre de 2012

Los misteriosos alanos

Una de las preguntas más frecuentes cuando estudiamos el tema de las invasiones germanas es el del origen y naturaleza de ciertos pueblos bárbaros 'menores' que solo merecen unas líneas en los manuales. Grupos como los yutos, sobre quienes apenas disponemos de citas en las crónicas, escasos topónimos, evanescentes rastros filológicos y algunos discutidos restos arqueológicos.

Otros invasores 'misteriosos' -aunque en realidad no lo sean- fueron los alanos. Al contrario que los anteriores, aparecen en los textos antiguos con frecuencia. Es más, dan la impresión de ser ubicuos, ya que se les señala un poco en todos los bandos y todas las ocasiones. Aprovecho la aparición de un nuevo texto de Iaroslev Lebedynsky Sur les traces des Alaines et Sarmates en Gaule (Paris: Éditions l'Harmattan, 2011) para esbozar una breve semblanza de este pueblo que pueda ser útil a quienes no somos especialistas en el periodo.

Cabe señalar, de entrada, que muchos de los grupos 'invasores' no constituían auténticas etnias, sino confederaciones militares más o menos cohesionadas, fruto de los desplazamientos ocurridos durante siglos anteriores, y de las periódicas derrotas sufridas en las fronteras del Imperio romano hasta el s. V a.C. Un ejemplo clásico es el de los burgundios, y aún más el de los 'alamanes' o los bávaros.

Los alanos, en cambio, parecen tener características étnicas más sólidas. Eran un pueblo del tronco iranio, emparentado con los escitas. Eran pueblos de la estepa, al norte del mar Negro. Como todos los habitantes de la zona, se movían a caballo y su economía se basaba en la cría de ganado. Cuando entramos en el s. I a.C. constituían una de las ramas principales de la confederación sármata. Aquí podemos hallar la clave de sus tácticas guerreras y su armamento: armaduras de escamas para jinete y caballo, lanza larga y arco corto. Se situaron luego entre el Don y el mar de Azov. A partir del s. II se les señala como causa de periódicos asaltos fronterizos. Cuando llega el momento de las grandes invasiones del Imperio, en el s. V, Amiano Marcelino nos explica que vivían en carros que disponían en grandes círculos para protegerse, y se alimentaban de sangre y leche, como otros ganaderos de la estepa.

En el 375, los hunos irrumpen en el Cáucaso y devastan las tierras de los alanos. Estos hunos no vivían ni combatían de manera muy diferente a la de los sármatas. Al parecer, la ventaja militar de los hunos se centraba en un perfeccionado modelo de arco para la caballería, que les permitían lanzar sus flechas con mayor potencia y a mayor distancia que sus rivales. Convertidos en un grupo dedicado exclusivamente a la agresión, y arrastrando otros pueblos vecinos como aliados, los hunos sembraban el temor con su sola presencia. Esto explicaría por qué una parte de los alanos prefirieron la huída mientras otra parte -los antepasados de los actuales osetios- optaban por someterse.

Entre los que escaparon, diversas bandas, de las que desconocemos el número, siquiera sea aproximado, se unieron a los godos, que por entonces también se desplazaban hacia el suroeste, saqueando a su vez Escitia y la Mesia. Cuando los hunos se aproximaron a la Panonia, territorio clave entre los Cárpatos y el Danubio, los romanos tuvieron que reunir un ejército disuasorio extrayendo legiones de su limes fronterizo del Rin, y contratando algunos jefes alanos para que les apoyaran como auxiliares de caballería. Aquí ya podemos encontrar por primera vez a los alanos en su papel de fuerzas mercenarias al servicio de los diferentes rivales que se disputaban por entonces el espacio europeo. Sus capacidades bélicas, seguramente como caballería pesada, debían ser muy valoradas cuando todos aspiraban a contar con ellos.

Dos grupos principales de alanos, liderados por jefes como Goar y Respendial, se unieron a los vándalos para refugiarse en la orilla izquierda del Danubio, lejos de la amenaza de los hunos. En torno suyo, se fueron agrupando otros elementos heterogéneos, como suevos, quados, gépidos, hérulos y sajones. Al llegar al Rin, los alanos conocieron la noticia de que los francos, al servicio de Roma, habían caído sobre sus aliados los vándalos, y 20.000 de estos últimos habían muerto. Pero los dirigidos por Respendial consiguieron a su vez derrotar a los francos y dejar abierto el ahora desguarnecido paso del Rin, que atravesaron aprovechando la famosa helada del año 406.

Durante tres años, esta conjunción de grupos bárbaros devastó la Galia, desde la Renania hasta la Narbonense, en el Mediterráneo. En cambio, los alanos dirigidos por Goar prefirieron ponerse al servicio de Roma y situarse no lejos del punto por donde habían atravesado el Rin, entre el Mosa y el Somme. La disciplina impuesta por estos caudillos entre los alanos no parece muy firme, ya que aparecen mencionados entre el ejército romano rebelde dirigido por Geroncio que asedia Arlès. Geroncio había reclutado sus tropas en Hispania y estos alanos debieron salir de las filas de quienes seguían Respendial, que por entonces ya había atravesado los Pirineos en su marcha hacia el sur.

El visigodo Ataulfo, a las órdenes del emperador Honorio, consiguió derrotar al usurpador Jovito, que en el 411 había ceñido las insignias imperiales en el norte de Francia, seguramente con el apoyo de los alanos de Goar y de los burgundios, servidores todos del orden romano, aunque mejor de un soberano próximo que de uno lejano. Instalados los visigodos en Aquitania, la saquean al no lograr inicialmente que Roma les autorice a instalarse en ella, y volvemos a encontrar alanos entre sus filas, aunque no conocemos a sus jefes, y pueden ser por tanto alanos procedentes de las filas de Goar en el norte -reclutados tras la victoria sobre Jovito- o bien del sur, de quienes colaboraban todavía con los vándalos. Significativamente, durante el asedio de Bazas (414), estos mismos alanos abandonan a los visigodos y contribuyen a defender la villa en beneficio de sus habitantes galoromanos, reforzando así la imagen que tenemos de ellos como fuerza militar especializada y mercenaria. Algunos restos toponímicos hacen pensar que este grupo de alanos al servicio de Roma fue instalado finalmente cerca del Mediterráneo, entre Tolosa y Narbona, para cubrir esta zona, rica y estratégica.

Quienes obedecían a Respendial continuaron su aventura peninsular al lado de los vándalos, y se instalaron tanto en la Lusitania como en la Cartaginense (quizá otra prueba de la laxa autoridad que los jefes ejercían sobre los grupos inferiores). Un rey denominado Atax, establecio un efímero reino en Mérida, que fue destruido por los visigodos, de nuevo al servicio del Imperio. Los restos de sus alanos pidieron ayuda a sus aliados, los vándalos asdingos, que se habían repartido la Gallaecia con los suevos. Juntos, atravesaron el Estrecho camino de las ricas provincias del norte de África. Desde entonces, la suerte de ambos pueblos irá unida, y los reyes vándalos se titularon como 'rex vandalorum et alanorum'. De todos modos, consta que no todos los alanos abandonaron la Península.

Conjurado inicialmente el peligro de la primera invasión, los alanos no vuelven a ser mencionados en la Galia hasta el 440, cuando las campiñas desiertas del curso medio del Rodano (en torno a Valence) son entregadas a uno de sus jefes: Sambida. Poco después, otro grupo, quizá el mismo que había seguido a Goar, recibió también tierras al norte del Loira, en una zona devastada por las rebeliones de los bagaudas. Parece que hubo resistencia entre los propietarios a cumplir este pacto establecido por el general romano Aecio, y que los alanos tuvieron que hacerse finalmente con el control por la fuerza. Diversos rastros toponímicos confirman que durante algún tiempo hubo una significativa presencia de alanos en la zona entre Orleans, Chartres y París, una llanura bien adaptada a la forma de vida de los caballeros de la estepa. A cambio de esta entrega, poco después, entre el 447 y el 448, Aecio exigió a su rey Echoar, reprimir una revuelta de los bretones armoricanos, tarea que no llevaron a cabo por la intervención pacificadora del obispo Germán de Auxerre (el nombre ya indica el origen 'bárbaro' del mediador).

Tan solo unos años más tarde (451), se produce la entrada de Atila en Orleans, capital del pequeño estado que regia el alano Sangiban. Pero Atila será vencido en los Campos Cataláunicos. Los alanos de Sangiban son mencionados en el centro de las líneas romanas, frente a los mejores guerreros de Atila. La victoria no devolvió a los alanos su reino, que sería absorbido por los visigodos, auténticos beneficiarios de la derrota de los hunos. Con todo, los alanos vuelven a ser mencionados en la Galia diez años más tarde, como saqueadores. Es posible incluso que algunos grupos se instalaran finalmente en Bretaña, huyendo de los visigodos y luego de los francos.

Incluso en Constantinopla jugaron los alanos un papel importante durante este siglo V. Algunos de los que se sometieron a los hunos prestaron servicio al Imperio romano, y uno de sus jefes, Aspar, se convirtió en pieza decisiva de la política bizantina durante el hundimiento de la parte occidental del estado romano, bajo los reinados de Marciano y León I. Lo disperso de sus acciones y su oscuro destino final han empequeñecido el recuerdo de su decisiva presencia en los estertores finales del mundo romano occidental.

3 comentarios:

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  2. Excelente resumen de este antiguo pueblo. Muchas gracias por compartir tan magnífica información.

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  3. Yo también creo que los Alanos asentados en la Narbonensis Romana junto con una característica religión llamada Catara terminaron creando el pueblo catalán ,Cátaro de religión y de etnia Alana crearon el topónimo Cataro-alano y este derivó a catalán ,este gentilicio terminó por dar nombre a la tierra

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